Chonino no era un perro cualquiera. Había sido seleccionado y entrenado especialmente para integrar el cuerpo de perros de la fuerza policial. Durante años acompañó a los agentes en patrullajes y operativos, siempre preparado para actuar cuando la vida de una persona estuviera en peligro.
La noche del 2 de junio de 1983, bajo la lluvia y en medio de la oscuridad, Chonino patrullaba junto a dos policías por la zona de Villa Devoto, en Buenos Aires. Todo parecía una recorrida más hasta que los agentes intentaron identificar a dos hombres que merodeaban vehículos estacionados de manera sospechosa.
La respuesta fue inmediata y brutal. Los delincuentes abrieron fuego y comenzó un feroz tiroteo. En medio del caos, los disparos y la desesperación, Chonino vio caer herido a su guía y reaccionó por puro instinto y fidelidad.
Sin dudarlo, se lanzó contra uno de los atacantes para defender a los policías. En ese acto de coraje recibió un disparo mortal. Pero incluso gravemente herido, no abandonó su misión.
Con las últimas fuerzas que le quedaban, logró arrancar un trozo del bolsillo de uno de los delincuentes. Cuando los efectivos llegaron hasta él, encontraron que en su hocico sostenía la tela con los documentos de identidad de los agresores. Esa prueba fue clave para identificarlos y detenerlos pocos días después.
La imagen de Chonino aferrado a aquella evidencia hasta su último aliento conmovió a todo el país. Su historia trascendió el ámbito policial y se convirtió en un símbolo de lealtad, valentía y amor incondicional.
Años más tarde, en homenaje a su sacrificio, se estableció que cada 2 de junio se conmemorara el Día Nacional del Perro en Argentina. Desde entonces, la fecha no solo recuerda a Chonino, sino también el vínculo único que une a las personas con sus compañeros de cuatro patas.
Más de cuatro décadas después, su historia sigue emocionando. Porque hay héroes que llevan uniforme, y otros que simplemente tienen cuatro patas, un corazón enorme y una lealtad capaz de trascender el tiempo.
Diario La Paz